Marilena: desafiando la violencia y la desigualdad.
Durante años, Marilena creyó que ciertas situaciones eran simplemente parte de ser niña.
Tenía apenas 16 años cuando comenzó a cuestionar una realidad que parecía normal para muchas adolescentes de su comunidad. Caminar sola por la calle significaba exponerse a comentarios incómodos, silbidos o acoso. Expresar una opinión podía traer críticas o discriminación. Y muchas veces, el miedo y el silencio parecían ser la única respuesta.

"Siempre me gritan, siempre me silban. Para mí es algo incómodo. No quiero esos halagos", recuerda Marilena. "Sentía que tenía que aceptarlo, ya que era normal". Pero en el fondo sabía que algo no estaba bien.
En Guatemala, casi la mitad de las jóvenes han experimentado algún tipo de violencia, y casi tres de cada diez reportan haber sufrido violencia sexual en sus comunidades. Una realidad que afecta a millones de niñas y adolescentes y que limita sus oportunidades de desarrollo, participación y bienestar.
Sin embargo, la historia de Marilena comenzó a cambiar cuando encontró un espacio donde su voz importaba. A través de los talleres de portavoces comunitarias y embajadoras de la paz facilitados por World Vision en su comunidad, descubrió que tenía derechos, que podía participar en las decisiones que afectan su vida y que la violencia no debía ser aceptada como algo normal.

Lo que inició como una oportunidad para aprender se convirtió en una plataforma para liderar.
Poco a poco, Marilena desarrolló habilidades de comunicación, liderazgo y gestión emocional. Comenzó a reflexionar sobre los desafíos que enfrentan los adolescentes de su comunidad y entendió que la educación, la participación y el acceso a la información son herramientas fundamentales para construir un mejor futuro.
Hoy utiliza esa convicción para inspirar a otros jóvenes. A través de espacios comunitarios de liderazgo juvenil y programas de patrocinio infantil, promueve conversaciones sobre temas que impactan directamente la vida de niños, niñas y adolescentes: la prevención del embarazo adolescente, la migración, la violencia doméstica, el abandono escolar y la importancia de continuar estudiando.
"Puedo hacer algo, puedo generar un cambio, aunque sea mínimo". Su liderazgo ha despertado interés entre otras adolescentes que, como ella, alguna vez sintieron que no podían expresarse.

"Las chicas que ya se han sentido inspiradas, ya tienen una chispa, ya sienten la necesidad de hacer algo", dice con entusiasmo.
Marilena sabe que el cambio comienza cuando alguien se atreve a alzar la voz. "Las chicas que intentan decir algo siempre son discriminadas", explica. "Pero sé que cada una de nosotras puede alzar la voz en Guatemala y decir que tenemos poder y que vamos a hacer algo. Mis padres y World Vision me inspiraron a alzar la voz".
Actualmente, es reconocida como una líder emergente en su comunidad. Su ejemplo motiva a otros adolescentes a involucrarse en espacios participativos, cuestionar la normalización de la violencia y construir alternativas para una convivencia más segura y respetuosa.
El trabajo de World Vision
A través del Programa de Desarrollo, World Vision fortalece entornos protectores mediante acciones en participación comunitaria, prevención de la violencia, educación, gestión del riesgo de desastres y seguridad alimentaria y nutricional. Además, promueve espacios donde niños, niñas y adolescentes desarrollan capacidades para convertirse en agentes de cambio dentro de sus comunidades.

La historia de Marilena demuestra que cuando una niña descubre el valor de su voz, también descubre el poder de transformar su entorno. Y hoy, esa voz que alguna vez fue tímida se ha convertido en una inspiración para toda una generación.
